¿De verdad soy feliz? ¿Alguien puede ser feliz?
27 abr, 2015

¿De verdad soy feliz? ¿Alguien puede ser feliz?

Me hago esta pregunta porque son unos cuantos los que insisten en que vea las cosas como ellos: mal. Quieren que pensemos (no solo me insisten a mí, claro está) mal de las personas o de un grupo entero de personas, así en general, ¡ole!, que consideremos que no hay solución a la situación actual (¡ay madre mía si pudieras por un instante viajar un par de siglos atrás…! ¡Ya hablaríamos de la época que te ha tocado vivir…!), que estamos abocados a un mundo ruinoso donde reine la maldad inherente de los seres humanos… ¡Mordor to the power! Eso sí, si eliges pensar como ellos, pues guay, ya sois amigos, y podéis compartir mundo cruel.

Estos ‘malconvencedores’ son todas aquellas personas que están sumidas por sus sensaciones en el desaliento y que por el momento no han aprendido a desarrollar una forma de pensar, sentir y hacer diferente, probablemente más útil que la actual. Y ¿por qué hacen esto? Porque probablemente fue lo que aprendieron desde pequeños, porque algo de su genética les tira para allí, porque no tuvieron buenos referentes de los que aprender… Y ahora ¿por qué siguen haciendo lo mismo si no mola nada estar de bajón constante, depresión, enfadado con el mundo? Ahora muchos todavía no saben que las cosas pueden cambiar, incluido su pensamiento, la relación de ideas en su cerebro a través de las nuevas conexiones neuronales que podrían crear. O no saben cómo cambiarlas. Y algunas de estas personas cuya forma de ver el mundo es verdaderamente devastadora, están en las empresas, pueden ser el compañero multiquejicoso que deja un halo de malestar en el departamento, el jefe ‘tolosabo’ que reniega hasta de sí mismo, el cliente impertinente y faltón…Y nos influyen. Peeeero, lo mismo que podemos influir cada uno de nosotros. Así que…

Oigan, no, no voy a darles la razón, porque no puedo ni debo y sí, soy feliz. Lo que yo llamo ser feliz: En mi felicidad hay ratos asquerosos, para borrar, pero como no puedo, los digiero, los acepto y lidio con ellos. Y a seguir. Hay ratos tristísimos, hay ratos angustiosos, hay ratos desesperantes, hay ratos de incredulidad, hay ratos de impasibilidad, hay ratos de discusiones, hay ratos de frustración, hay ratos de cabreo, hay ratos de estrés, hay ratos de enojo, hay ratos de soberbia, hay ratos de creerme demasiado pequeña, hay ratos de verdadera impotencia. Y todos ellos forman parte de mi felicidad.

Mi felicidad es una dirección que elijo cada día.
Mi felicidad es lo que yo elijo ver a lo largo del día y lo que recuento al final del día.
Es saber que estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo. Y saber que mañana seguro que aprendo a hacerlo mejor. Es no esperar que la realidad cambie, sino cambiar yo aquello que pueda. Es aceptar que existe la injusticia en el mundo, y a mi lado. Y desde esa aceptación dar ese poco que yo pueda para acabar con ella, incluida la que yo provoco. Es mirar al mundo en su total complejidad y no dejarse amilanar. Es llegar a superar cada momento chungo y alegrarme por lo conseguido. Es querer y ser querida, con mucho amor y poca posesión.

Mi felicidad es no permitir dar por buenas y verdaderas opiniones fruto de una forma de pensar sesgada, poco útil y verdaderamente dañina. Mi felicidad es decirme que está muy bien ser yo, porque solo puedo ser eso, así que adelante. Mi felicidad es tener una fe absoluta en el ser humano, a pesar de los pesares. Mi felicidad es ser consciente de que sería una irresponsabilidad no maravillarme también ante la belleza del mundo. Mi felicidad es compleja. Y como es compleja me da mucha libertad.

Pimood. In the mood to grow.

Pasito a paso daremos la vuelta al mundo

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